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jueves, 2 de octubre de 2014

Pink Flamingos (1972)

El otro día me preguntaron cual era la película más extraña que había visto, de hecho me dijeron que no podía ser más bizarra que tal otra, juzgad vosotros mismos, os reto a que disfrutéis de la película con la que vengo hoy.

"Pink Flamingos" es la historia de la mujer "más inmunda del mundo". Divine, que así es como se llama vive con su familia en una caravana, rodeados de suciedad. Pero esa idílica vida cambia de rumbo cuando los Marble deciden quitarle el título a Divine para ser ellos los "más inmundos", claro que ellos se dedican a vender droga a menores, y a secuestrar bebes para entregárselos a parejas homosexuales.

Seguramente la gente pensará:"esta película seguro que es de un don nadie, que quiso hacerse famoso gracias a lo grotesco". La respuesta es "si y no", ya que se trata de John Waters, a quien se le atribuyen además de esta perla, "Hairspray", "Cry Baby" y "Los asesinatos de Mamá", entre otras. Así que sí, lo grotesco es el sello de identidad de este director, pero eso no tiene que ser necesariamente algo negativo.

La película está protagonizada por Divine, una dragqueen, que a partir del estreno de esta película pasó a formar parte de la escena underground del movimiento gay.

Durante el rodaje, a la actriz principal la pillaron robando, y ella alegó que era para "meterse" mejor en el papel y casi hubiera sido mejor que la detuvieran y no la dejaran salir.

 Ojo a la escena final, ya que es real, no hay trampa ni cartón, y no es apta para todo el mundo. Esta película no ha pasado a la posteridad por ser bonita precisamente.

¿Recomendaría esta película? Es una pregunta difícil, es una cinta de culto, pero no es para todo el mundo, de hecho creo que sólo agradará a un grupo muy reducido de espectadores, los más enfermos y con mentes más corruptas.

Lo mejor: es tan bizarra y desagradable que me sorprende que se estrenará en los años 70.

Lo peor: la escena final.

domingo, 17 de agosto de 2014

Drácula negro (Blacula) (1972)

Me estoy volviendo negro por el sol, pero desde luego no tanto como el protagonista de la cinta de hoy.

En "Drácula negro", un hombre que lucha por los derechos de los esclavos africanos, acude a hablar con el Conde Drácula, para pedirle que intervenga. Este, como buen aristócrata, está a favor de la esclavitud, y transforma al joven en vampiro, condenándolo para toda la eternidad. Pero no contento con eso, lo encierra en un ataúd. Muchos años después dicho ataúd es trasladado desde Transilvania hasta Los Ángeles, donde será abierto, y el vampiro que hay en su interior escapará. Blacula pronto se da cuenta de que el mundo ha cambiado, y de que la mujer a la que amó está muerta desde hace mucho tiempo, pero no tarda mucho en encontrar a su reencarnación.

Obviamente la película no es muy buena, pero por lo menos es curiosa y divertida. Hay que tener en cuenta el contexto histórico en el que se llevó a cabo. Además una versión funky de cualquier cosa siempre puede ser mejor, o por lo menos extraño.

No sé por qué el director de esta película, William Crain, tuvo una carrera tan fugaz. Sólo dirigió dos películas, esta y "Dr Black, Mr Hyde", que sin haberla visto me aventuro a decir que seguramente será una versión negra de "Dr.Jekyll y Mr Hyde". Supongo que se especializó en la lucha de los derechos de los afro americanos en el cine de terror.

La extraña película que hoy me ocupa está protagonizada por William Marshall, quien ha trabajado en más de 60 proyectos a lo largo de su carrera, la cual comenzó allá por la década de los 50.

Por sorprendente que parezca, en 1973 ganó el Saturn Award a mejor película de terror. Sorprendente es.

Creo que esta película es una de esas bizarradas que todo el mundo debería darse el gustazo de ver de vez en cuando. No para reírse de ella, ni de su temática, ni mucho menos de los valores que muy en el fondo trata de transmitir, sino porqué en sí, la película es muy psicodélica.

Lo mejor: es un claro reflejo de la sociedad de la época.

Lo peor: sentirte culpable por estar riéndote de un producto tan deficiente, cuando, teóricamente, este forma parte de una especie de reivindicación.